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El retorno del corbatín, una prenda que sigue vigente

Por Sergio-Pizarro

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De ser usado en vestimentas formales, este accesorio pasó a ser parte de atuendos casuales.

Cada vez que James Bond tiene una fiesta elegante, hay un accesorio que no puede faltar en su vestuario. Uno que hace que todas las miradas se posen en él. No es su esmoquin. No es su camisa blanca. No son sus zapatos. Es su corbatín. Una prenda con presencia tan fuerte que, si se usa correctamente, es capaz de hacer que el hombre que la lleve no pase desapercibido.

Aunque su uso ha estado ligado a las galas y trajes formales, desde hace algún tiempo el corbatín saltó de las pasarelas a las calles, hasta convertirse en una prenda que puede hacer parte de looks y vestimentas casuales, sin perder el impacto que produce en quien lo usa. Puede llevarse en la oficina, para ir a tomar unos tragos o, por qué no, para ir de rumba.
Su historia se remonta a las guerras franco-prusianas, cuando los mercenarios croatas usaban, a falta de botones, bufandas alrededor del cuello para sostener sus camisas, con el fin de que estas no se abrieran. Incluso, llegó a ser considerado un elemento fálico. Livia Ridondelli, diseñadora industrial, especialista en moda y docente de LaSalle College, explica que “el nudo representaba el recuerdo de una persona querida que estaba lejos. Y también significaba la posesión por alguien”.

Luego, sufrió una suerte de evolución en Francia, donde entró a formar parte de la moda, pero en los círculos bohemios. Desde ese momento se le consideró como un accesorio extravagante, tanto así que se dice que el poeta inglés Lord Byron usaba una especie de corbatín, pero en la cabeza.

Convertido en un ícono, el escritor francés Honoré de Balzac decidió escribir un libro en el cual dedicaba una parte al correcto uso del corbatín. Publicado en 1827, en el L’Art De Sa Mettre La Cravatte(El arte de ponerse la corbata), Balzac presentó algunas normas y cánones.

“Para Balzac –dice Ridondelli–, ser elegante era una obligación de cada persona. Para él había que tener cuidado con los colores fuertes, pues podrían asemejarse a un payaso de circo. El corbatín negro siempre debía ser usado sobre blanco y con una camisa de cuello alto”.

Fue así como el corbatín pasó a ser una prenda refinada y a producir, sobre el que lo llevaba, un efecto dandi. Personajes como el escritor Oscar Wilde comenzaron a usarlo.

El regreso

Aunque en las décadas de los 60 y 70 tuvo un pequeño regreso de la mano de Yves Saint Laurent, hubo un tiempo en el que pareció desaparecer. Gerson Aguilar, editor de moda del blog de periodismo y moda Maximo Official, asegura que “este retorno se da hace cinco años cuando las colecciones de otoño-invierno comenzaron a retomar la elegancia para estas temporadas”.

Por supuesto, viene con una reinterpretación de lo que fue en el pasado. Stella Castillo, docente de la Escuela de Diseño Arturo Tejada, dice que “el corbatín nunca ha dejado de ser una pieza sofisticada y es algo que le da un referente chic al look de la persona. Ahora se ven no solo colores fuertes, extravagantes y brillantes, sino también texturas distintas”.

Hay quienes atribuyen su regreso a Alber Elbaz, director creativo de Lanvin, quien comenzó a usar corbatines con moños bastante grandes y en llamativos colores, que acompañan su cara ovalada y voluminosa figura.

Hoy, de la mano de algunas casas de diseño como Carolina Herrea, Adolfo Domínguez y Louis Vuitton, solo por nombrar algunas, esta prenda se ha convertido cada vez más en un infaltable en el clóset de los hombres. Los hay con estampados, con plumas, con pepas, y no solo de seda, también se venden en mezclas de poliéster y algodón, de algodón almidonado y lanas. Las opciones en diseño y materiales parecen interminables.

Para Gerson Aguilar, todo el mundo debería usar uno. “Lo importante –dice– es cuidar las proporciones. El moño no puede quedar más grande que su cara. Si se va a poner uno, cómprelo usted, mídaselo con una camisa de prueba y véase al espejo, que es la mejor forma de aprender a combinar los colores y las texturas”.

Algo para tener en cuenta es que hay dos clases de corbatines: los que requieren un nudo y los ready tied (listos para usar). Aunque para principiantes se recomiendan los segundos, expertos en moda piensan que los primeros son más elegantes y tienen más posibilidades para crear distintos tipos de nudos.

“No quiero sonar elitista –explica Ridondelli–, pero creo que hay costumbres que no es justo que se pierdan ni se olviden; ese es un mal de la sociedad. Hacer ese tipo de nudos debe ser como un ritual que debe permanecer”.

Lo cierto es que con el nudo hecho o no, lucir un corbatín requiere mucha personalidad. “Como uno se sienta, lo van a ver los demás. Así que si se siente incómodo, es mejor que no lo use. Por el contario, si proyecta seguridad, lo combina con una buena camisa y zapatos o botas, con un blazer o un cárdigan, y escoge las texturas y colores correctos, será aplaudido y no se verá ridículo”, puntualiza Castillo.

SERGIO CAMACHO IANNINI

 

Fuente: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-13185512

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